Mis citas
“A la cita no puedo faltar”… es lo que pienso cada vez que
quedo con alguien para salir, tampoco es que salga mucho, creo que salgo lo
necesario para un joven promedio de mi edad. Como a todos, tengo citas malas y
muy raras veces buenas. Las malas quedan en tan solo ese momento, pero las
buenas muchas veces llegan a ser muy interesantes en el aspecto que compartimos
afines comunes y eso da pie a una química única, claro, con cada quien
diferente.
En muchos casos la parte corporal influye, pero por increíble
que parezca, no cedo, a no ser que aquella persona me demuestre un cariño real.
“y este tonto de donde ha salido” es lo que deberán pensar ahora mismo… y les respondo
– Este tonto salió de una familia demasiado buena, con errores y todo me
enseñaron a seguir el buen camino si a esto juntamos lo que yo solo soy que es
muy condescendiente con los demás – tenemos a mí. Alguien cuya misión era
ayudar a los demás sin preocuparse por sí mismo, hecho que no me quejo, ya que aprendí
muchas cosas.
Volviendo al tema original, me acuerdo de algunas citas y de
otras ya hacen en el olvido… pero de todas ellas, son dos las que guardare para
toda la vida, la primera con la persona que me enseño el sentido y lo bonito de
amar sin recibir nada a cambio (lo cual aplico hasta el momento, porque es la
mejor manera de ser feliz) y la segunda quien me enseño, pese a todo lo que
paso, que con verdadera perseverancia y pasión puedes llegar lejos… dos citas
en momentos diferentes de mi vida, pero con un mismo inicio, una banca de un
parque mágico debajo de un gran árbol.

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